Fragmento del libro Brújulas que buscan sonrisas perdidas de Albert Espinosa.
«Jamás nos mentiremos… Escúchame bien, eso implica algo más que ser sincero… En este mundo mucha gente es falsa… Las mentiras te rodean… Saber que existe un archipiélago de personas que siempre te dirán la verdad vale mucho… Quiero que formes parte de mi archipiélago de sinceridad…
»Saber que puedes confiar en la otra persona, que nunca te mentirá, que siempre te dirá la verdad cuando se lo pidas, no tiene precio… Te hace sentir fuerte, muy poderoso…
»Y es que la verdad mueve mundos… La verdad te hace sentir feliz…La verdad creo que es lo único que importa…»
Hace mucho tiempo que leí el libro, pero todavía me acuerdo de esas palabras. Fue de esas cosas que hago mías, que me quedo. Y me lo quedé para poder disfrutarlo de vez en cuando.
Da igual las veces que lo lea, siempre me sobrecoge de la misma manera. Me llena el alma, leer eso. Pensar que de verdad se puede tener ese "archipiélago de sinceridad" en los tiempos que corren.
¿En cuantas personas puedes confiar de esa manera? No muchas, ¿no? ¿ Y tú? ¿Se puede confiar en ti?
Practicar la sinceridad no es fácil, no se trata sólo de no mentir, tampoco se puede engañar, ni omitir. Sí, no contar las cosas es mentir, disfrázalo como quieras. Pero sí. Tampoco es decir todo lo que se piensa, eso sería la sinceridad radical, y las cosas cuando se radicalizan... pierden el equilibrio. Pero a veces ser sincero implica decir lo que no dice nadie, lo que no quiere oír nadie y eso no siempre cae bien. Sobre todo porque la sociedad empuja al engaño y hace de ello algo común. Que no lo es.
Traicionar la confianza que una persona pone en ti de forma consciente, premeditada o casi sin querer, está muy feo y duele mucho. Y si somos mayores para mentir y traicionar, hay que serlo para dar la cara, decir la verdad y asumir las consecuencias. Mejor no mentir, te ahorras malos rollos.
Poder confiar en las personas que tenemos al lado es algo fantástico y a lo que estamos poco acostumbrados. Yo la primera. A base de llevar golpes acabas desconfiando hasta de tu sombra, pero poco a poco, vas encontrando personas que se ganan tu confianza, otras no, pero eso es parte de la vida, buscar gente que merezca la pena, dependiendo de cada uno y sus valores, claro está.
Personalmente prefiero la sinceridad. Aunque tengo que trabajarme mi orgullo cuando soy yo la que recibe las críticas sinceras. Es parte del camino eso también. Aceptar las quejas de los demás, porque ni ellos son perfectos, ni lo soy yo. Pero prefiero que se me digan las cosas a la cara e intento hacer lo mismo. Y agradezco, cuando me equivoco y alguien, sin ánimo de ofender me dice: -niña, ahí te colaste-. Hay que aprender a decir y aprender a recibir.
"Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medías, de ningún modo es una media verdad".Jean Cocteau
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