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jueves, 15 de diciembre de 2016
La frustración
Algo importante en la educación de los humanos que no se aprende en el colegio es la inteligencia emocional. Aprender a identificar nuestras emociones y gestionarlas nos facilitará mucho la vida.
¿Qué es la frustración? La imposibilidad de satisfacer una necesidad o un deseo. Sentimiento de tristeza, decepción y desilusión que esta imposibilidad provoca. (Google).
Tendemos desde pequeños a idealizar y planear lo que queremos que sea nuestra vida. Queremos ser princesas, futbolistas, médicos, astronautas, pilotos de carreras, científicas... Queremos tener la casa llena de animales o una legión de chiquitinos correteando por todos lados. Pero con el paso de los años, unos llegan y otros no. Depende de las decisiones, de las circunstancias, de muchas cosas.
Esa punzada que sientes en el corazón cuando tus planes se truncan, esa rabia, la ansiedad, la angustia, la depresión, la ira...eso es la frustración.
Puede que la respuesta (involuntaria) a la frustración venga de nuestro aprendizaje de niños, si nadie nos enseñó a gestionar esas emociones o nos explicó qué hacer cuando se tuercen los planes. Pero no pasa nada, siempre podemos aprender, aunque ya no seamos unos críos.
Soluciones:
Primero el problema. Salta la emoción porque no conseguimos algo. Ese es el problema, los objetivos. Hay que ser realista a la hora de ponernos los objetivos. Si no estudias, no te gusta o no se te da bien, es poco probable que llegues a médico, las cosas como son. Si te apasiona, tendrás que esforzarte mucho. Si no, busca que te apasiona y a por ello. Pero ser realistas. Si no te gusta el deporte es poco probable que llegues a las olimpiadas.
Empieza por ponerte metas pequeñas. Poco a poco, no hay prisa, eres tu quien marca los ritmos en tu vida. Si quieres salir a correr empieza por un minuto el primer día y dos el segundo y así... No pretendas correr veinte minutos el primer día y no lesionarte o acabar sin ganas de repetir. Si quieres estudiar, empieza por un párrafo, resume y copia hasta que te lo aprendas. Objetivos pequeños. El Everest no se escala en un día. Hace falta mucho entrenamiento, aclimatación en el campamento base y luego aclimatación en cada campamento antes de hacer cumbre. El objetivo es la siguiente base, no la cumbre. Poco a poco.
Es bueno tener varias metas sustitutivas de igual valor. Un plan "B". Tenemos muchas capacidades y mucho que ofrecer. ¿Qué más puedes aportar? ¿Qué más te apasiona? ¿Qué más se te da bien?
Debemos también pensar en por qué fracasamos en conseguir ciertas metas, que errores cometimos y aprender de ello. Analizar qué nos impide conseguir nuestros objetivos y buscar soluciones.
Segundo, la emoción. El miedo que sentimos al fracaso, a veces hace que abandonemos antes si quiera de intentarlo. A parte de la frustración, aquí, entra el miedo también. ¿Miedo a qué?¿A equivocarte? No pasa nada, más que aprendes. La frustración hace también que paguemos con los demás nuestros cabreo, nuestra ira por no tener lo que queremos. Y no solo con los demás sino con nosotros mismo. Cuidado con esto.
Cuando se tuerzan las cosas respira, tómate un tiempo (horas o días), analiza qué ha pasado y por qué, si tiene solución y que opciones tienes. Igual necesitas poner distancia con el proyecto y dedicarte a tu plan "B".
El deber del individuo es no dejarse derrotar y aprender para poder seguir adelante y luchar por las nuevas situaciones que se nos presenten.
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