Translate

lunes, 23 de enero de 2017

Un Curso De Milagros Capítulo 1.3


 III.La expiación y los milagros


 *Yo estoy a cargo del proceso de Expiación, que emprendí para darle comienzo. Cuando le ofreces un milagro a cualquiera de mis hermanos, te lo ofreces a ti mismo y me lo ofreces a mí. La razón por la que te lo ofreces a ti mismo primero es porque yo no necesito milagros para mi propia Expiación, pero estoy detrás de ti por si fracasas temporalmente. Mi papel en la Expiación es cancelar todos los errores que de otro modo tú no podrías corregir.

 *Tienes el poder de obrar milagros. Yo proveeré las oportunidades para obrarlos, pero tú debes estar listo y dispuesto.

 *Tú eres la obra de Dios, y su obra es totalmente digna de amor y totalmente amorosa. Así es como el hombre debiera pensar de si mismo en su corazón, pues eso es lo que realmente es.

 *Los perdonados son el medio de la expiación. Al estar infundidos por el espíritu, perdonan a su vez. Aquellos que han sido liberados deben unirse para liberar a sus hermanos, pues ese es el plan de la expiación. Los milagros son el medio a través del cual las mentes que sirven al Espíritu Santo se unen a mi para la salvación o liberación de todas las creaciones de Dios.

 *Pregúntame qué milagros debes llevar a cabo. Ello te ahorrará esfuerzos innecesarios porque estarás actuando bajo comunicación directa. 

 *Reconoce tus errores y elige abandonarlos siguiendo mi dirección.

 *El error no puede amenazar realmente a la verdad, la cual siempre puede resistirlo. En realidad, sólo el error es vulnerable. Eres libre de establecer tu reino donde mejor te parezca, pero no puedes sino elegir acertadamente si recuerdas esto: 
   -El espíritu está eternamente en estado de gracia.
   -Tu realidad es únicamente espíritu.
   -Por lo tanto, estás eternamente en estado de gracia.

 *Desde este punto de vista, la Expiación deshace todos los errores, y de esta forma extirpa las raíces del temor. Cada vez que experimentas las palabras tranquilizadoras de Dios como una amenaza, es siempre porque estás defendiendo una lealtad mal situada o desencaminada. Al proyectar eso sobre otros los aprisionas, pero sólo en la medida en que refuerzas los errores que ellos ya han cometido. Eso los hace vulnerables a las distorsiones de los demás, ya que la percepción que tienen de si mismos está distorsionada. El que obra milagros tan sólo puede bendecirlos, lo cual desvanece sus distorsiones y los libera de su prisión.

 *La Regla de Oro te pide que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo. Esto significa que tanto la percepción que tienes de ti como la que tienes de ellos debe ser fidedigna. La Regla de oro es la norma del comportamiento apropiado. Tú no puedes comportarte de manera apropiada a menos que percibas correctamente. Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás.

 *Los milagros se dan en la mente que está lista para ellos. Dicha mente, al estar unida, se extiende a todos aun cuando el que obra milagros no se dé cuenta de ello. La naturaleza impersonal del milagro se debe a que la Expiación en sí es una, lo cual une a todo lo creado con su Creador. Como expresión de lo que verdaderamente eres, el milagro sitúa a la mente en un estado de gracia. La mente, entonces , naturalmente da la bienvenida tanto al Huésped interno como al desconocido externo. Al invitar adentro al desconocido, este se convierte en tu hermano.

 *El milagro siempre te bendecirá.

 *Dado que el milagro tiene como objetivo restablecer la conciencia de la realidad, no sería eficaz si estuviese limitado por las leyes que gobiernan el error que tiene como objetivo corregir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario